Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación

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Testimonios en YouTube
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En nuestro canal de YouTube puedes ver los vídeos de testimonios vocacionales de diferentes hermanas.

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Hna Yéssica Zapata
Hna Yéssica Zapata
DIOS NO QUITA NADA…LO DA TODO!

Soy Yessica, he nacido en Monterrey, Nuevo León, México. Soy la más pequeña de mi familia, es desde mi hogar donde voy contemplando el amor de Dios…un amor cercano, renovador, fiel, de manera suave, delicada incluso sin darme cuenta.

Dios iba saliendo a mi encuentro a través de personas y momentos bien concretos, desde pequeña tuve la gracia de tener a mi lado a mujeres consagradas, muchas de ellas dejando una huella muy importante que todavía hoy les recuerdo con mucha gratitud y cariño; mientras una de mis amigas ya se preguntaba ¿qué hacer con su vida?.. para mí era algo muuuy lejano y a lo cual me aterrorizaba responder, ya que desde primaria tenia apostolado pero realmente no era algo que tocara mi vida.

Por el camino recorrido creo firmemente que Dios me ha llamado a ser FELIZ, en mi vida fue mostrándome por donde ir, primero el ser maestra que disfruto y amo….pero habían más llamadas; la que abarcaba TODOO….el SERVICIO el REINO, iniciar la aventura de responderle al Señor como Hermana de la Consolación ha sido un salto al vacío en fe, en confianza, sostenida por la misericordia de Dios y dentro de esa llamada cada momento que estoy atenta tengo más llamadas, que me hacen responder desde mi libertad confiando, aunque dé poco fruto ÉL como buen viñador no se desespera…

MI vocación es como un camino, donde me dispongo a caminar, a dejarme encontrar y yo encontrar….lo que de pequeña me llenaba el corazón, mi familia, amigos, el apostolado, misiones, siguen siendo mis pilares, mis riquezas, y es así como realmente en cada SÍ Dios no me quita nada…sigo comprobando que lo da TODO…apasionarme por su PROYECTO…así es mi vocación!
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Hna Ana María Ladera
Hna Ana María Ladera
Ana María Ladera, nací en Albacete, en plena Mancha, y la patrona es la Virgen de los Llanos, cuando me bautizaron, mis padres como buenos cristianos que eran, me ofrecieron a ella, y ya dentro del Noviciado una de las veces que me visitaron oí a mi padre contarle a una de la Hermanas que él ya le pidió a la Virgen que si yo quería ser religiosa él generosamente no se opondría… todo esto por el año 1946.

Empezó mi educación con las Dominicas en Albacete, pero cuando tenía 4 años definitivamente nos trasladamos a Consuegra,  Provincia de Toledo donde las Hermanas de la Consolación tenían un colegio y donde seguí con mi formación. Desde pequeña siempre decía que quería ser como mi tía, religiosa clarisa, pero el Señor tenía para mí otros planes. Las misiones eran para mí una locura, de hecho empecé a comunicarme con las Hermanas Blancas, que todas las casas las tienen en Africa, sólo el Noviciado en Madrid, en aquellos tiempos, dispuesta a dar el paso, pero M. Teresa Badenes, Superiora del Colegio de Consuegra, me salió al paso exponiéndome todas las posibilidades que la Consolación tenía, y no dudé ni un segundo en tomar la decisión; los domingos me encantaba pasar la tarde con ellas y ayudar con los viejitos del ancianato que había. Así empezó la odisea de una llamada y una respuesta que con el amanecer de cada día se va renovando hasta el día de hoy, agradeciendo al Señor su fidelidad que va sosteniendo la mía.
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Hna María Rubio - Mexico
Hna María Rubio - Mexico
Sólo quería ser “hermana de la Consolación”
Es difícil concretar, cuando comenzó mi experiencia misionera como educadora…
Desde niña, me gustaba jugar a maestras con las muñecas, hacia y les decía, lo que las Hermanas me decían a mí en el colegio.
Ingresé en la Congregación, sin pensar en ningún lugar, tarea..., sólo quería ser “hermana de la Consolación”, no me importaba nada más. Sí que me alegré, cuando estando a punto de hacer la primera profesión, me dicen que tengo que estudiar Magisterio, para posteriormente, hacer Pedagogía, el Señor por mediación de los superiores, me regalaba “la posibilidad” de estar con niños, adolescentes o jóvenes, en un colegio, uno de los sueños infantiles: enseñar…
Creo que no me costó mucho comprender que una Hermana de la Consolación, evangeliza desde cualquier lugar, desde cualquier tarea…, ya que evangelizar es dar a conocer a Jesús y ¿quién no puede hablar, dar a conocer a Jesús, en cualquier lugar y en cualquier tarea?..., es el fin último de la Congregación: “amar honrar y hacer conocer y venerar a Nuestro Señor Jesucristo” (Regla común N°1)
A lo largo de mi vida como hermana educadora y por los distintos centros que he compartido la misión, he intentado, he trabajado, por dar a conocer a Jesús  - nunca he dado clase de Educación en la fe- pero estoy convencida que desde cualquier materia se puede evangelizar, el vocabulario, los ejemplos, gestos, formas, que utilizas pueden evangelizar. Recuerdo cuántas veces los alumnos, me decían “parece que estamos en clase de Religión”, también en Lengua se habla de Dios…”, “nos hace pensar…” He gozado muchísimo dando clase, atendiendo a los profesores y al personal colaborador, porque creo “firmemente” que “la escuela es la primeraplataforma de evangelización”, estaba y estoy convencida de ello, por eso durante todo el tiempo que la Congregación me confió la misión de estar en un centro educativo, he sido feliz- no quiero decir que siempre las cosas han sido fáciles-, porque desde cualquier tarea puedo y debo testimoniar a Cristo.
El “Id y enseñad…”, es uno de los textos que han acompañado mi caminar…, y aunque nunca había soñado “ir a misiones”, el Señor me regaló hace nueve años, llegar a México, a Chiapas, en dónde seguí  en un centro educativo, dando a conocer a cuantos comparten o no la tarea a ese Jesús, que nos ha llamado para extender su Reino.
Hoy, cuando la Congregación, me envía a una nueva misión, sigo siendo feliz, El campo de acción, el medio, muy diferente, pero también aquí puedo y debo dar a conocer a Jesús, porque una Hermana de la Consolación “evangeliza desde la vivencia de la consagración, el testimonio de la fraternidad y la tarea apostólica”.

                                                                                     Hna María Rubio
                                                                                                (México)
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Hna. Olga Aseneth Salazar García – México
Hna. Olga Aseneth Salazar García – México
Estaba en secundaria y todavía recuerdo el día que los Hermanos Lasallistas nos invitaban a reflexionar sobre nuestro futuro y la posibilidad de servir a Dios como ellos lo hacían. Aunque no entendía en ese momento lo que querían decirnos, nacía en mi corazón una inquietud por conocer su vida. Entonces, me preguntaba ¿Cómo será la vida de las Hermanas? Desde ese momento, Alguien me iba preparando para escuchar y dar una respuesta.
Pasaban los años y sin saber, estaba conociendo a Jesús, me estaba enamorando de Él, estaba descubriendo el gran regalo de la vocación, estaba escuchando la llamada que me hacía a ser Consolación.
Disfrutaba mucho en las reuniones de los grupos del colegio,  en la oración, en  las dinámicas, en los apostolados, en los encuentros lasallistas, en misiones. Me gustaba tanto, que decidí irme un año al voluntariado misionero y ahí, escuché otra vez la invitación que Dios me hacía, a estar con Él, a servir… era la llamada y la urgencia de una respuesta…pero tenía miedo a equivocarme, a no encontrar la felicidad. Intentaba olvidarme de aquel día de secundaria, y de todo lo que había vivido esos años, pero un día en la universidad, en  tiempo de Pascua, en la gran fiesta de la Resurrección de Jesús, llegó el momento de decidir, de elegir, de entre lo bueno, lo mejor… era el tiempo de compartir mi alegría, de escuchar otra vez y de responder a esa invitación de Dios para ser Hermana de la Consolación. Desde entonces, soy feliz de conocer y de amar cada día más a Jesús, para que también muchos más lo conozcan lo amen y lo sigan.

 


                                                                                      Olga Aseneth Salazar García
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Ir. Maria Helena Codignole - Brasil
Ir. Maria Helena Codignole - Brasil
Oi gente, sou  Ir. Maria Helena Codignole, natural de Machado, que fica no Sul de Minas Gerais- Brasil. Hoje me encontro em Ceilândia-DF e trabalho na educação – Centro Educacional Santa Maria Rosa Molas (Colégio CEMAR).

“No dia seguinte João estava outra vez ali, e dois dos seus discípulos; E, vendo passar a Jesus, disse: Eis aqui o Cordeiro de Deus. E os dois discípulos ouviram-no dizer isto, e seguiram a Jesus. E Jesus, voltando-se e vendo que eles o seguiam, disse-lhes: Que buscais? E eles disseram: Rabi (que, traduzido, quer dizer Mestre), onde moras? Ele lhes disse: Vinde, e vede. Foram, e viram onde morava, e permaneceram com ele aquele dia. Era a hora décima, aproximadamente.” 

Evangelho de João: 1,35-39

 Quando existe um verdadeiro encontro com Jesus, certamente que ainda que passe tantos anos, somos capazes de recordar a hora, o momento, as circunstâncias  e a emoção que ocorreram durante esse encontro. Portanto, falar da minha vocação é falar de uma aventura desafiadora, mas que a graça sobrenatural sobrepõe às dificuldades e, afinal, aqui estou: há 50 anos  deixei a casa paterna, família, amizades e tudo aquilo que o mundo coloca à  disposição.

Afirmo, com convicção, que fui privilegiada pelo Senhor desde minha tenra idade. Ainda, quando muito pequena, sentia algo diferente: buscava entender a “História Sagrada”, o livro que estava ao meu alcance na época. Interrogava a minha mãe sobre assuntos que não entendia. A minha pergunta era sempre: “E depois da morte o que acontece?” O “depois”, o pensar no “Céu” me faziam refletir muito dentro da minha simplicidade e até ignorância de uma criança.

Um fato marcante em minha história foi presenciar minha mãe em um hospital com um de meus irmãos, com apenas sete anos, desenganado pelos médicos. Ver seu sofrimento e ao mesmo tempo ver com meus próprios olhos as Irmãs enfermeiras,  com o cuidado, o carinho e a atenção para com uma mãe aflita que perdia seu filho foi ímpar...esta imagem das Irmãs ficou gravada no meu interior, no meu coração .

Assim, aos meus 13 anos já tinha claro que queria seguir o Senhor, não me importava Congregação, aliás, nem tínhamos acesso ao conhecimento dos diferentes tipos de carismas. Ao completar 14 anos fui, conversar com o Padre da minha Paróquia para pedir-lhe ajuda e dizer-lhe qual era o meu desejo naquele momento. A sua resposta foi: “Você tem que crescer  e depois pensar nisto”. Não me contentei com sua resposta: e voltei mais de uma vez e ele me dizia sempre o mesmo. Havia outras jovens que também queriam seguir a Jesus, as convidei para conversarmos juntamente com o Padre, pensando que ele daria mais atenção se  fôssemos mais de uma...Ele, então,conversou conosco sobre a Congregação das Irmãs da Consolação, que estava na cidade vizinha de Areado/MG. Ele seguidamente entrou em contato com as Irmãs e elas, por sua vez, começaram a visitar minha cidade e a falar com as jovens que queriam seguir a Jesus na Vida Religiosa.

Começou então o desafio: meu pai não aceitou minha decisão e começou a perseguição: proibiu a ida à missa e a participar da Igreja...mesmo assim, permaneci persistente e contra sua vontade eu saía de casa na sua frente e ia à missa. Chegou a um momento que, por participar de uma missa festiva na paróquia e não dormir em casa naquela noite, ele ter me proibido o recado que recebi por meus irmãos menores: se eu voltasse para casa, meu pai me mataria. Sei que foi forte e que certamente ele não faria isto, mas mesmo assim fiquei uma semana sem voltar para casa. No domingo seguinte, levantei-me muito cedo, fui à igreja, confessei-me, participei da missa e voltei para casa, com medo sim, mas preparada se de fato fosse minha hora do encontro com o Senhor no céu. Cheguei em casa e, como de costume, tomei a bênção de meus pais e qual foi minha surpresa que nunca se comentou aquele gesto de meu pai, houve silêncio da parte dele e também da minha parte.

O tempo passou e a perseguição continuava. Porém, chegou o dia de partir para “o convento”, assim chamado na época pelos que pouco entendiam. Nesse dia, nem o choro, nem o desespero de meus pais e de meus irmãos me impediram.  Em mim só havia certeza da convicção, da segurança e da decisão fundamentadas em Cristo.

Diante do panorama desolador na hora da minha saída, o padre me disse que seria bom ficar e esperar que meu pai se acalmasse para depois eu ir. Então eu lhe respondi: “Não! Tenho que ir, pois hoje é o meu dia”. Entrei no carro e fiquei observando tudo e sentia uma fortaleza inexplicável. Tinha então 15 anos e três meses.

            As palavras por parte do meu pai não eram boas: “que eu não voltasse nunca mais para casa”, “que eles também não iriam me visitar”, “que minha mãe chorava todos os dias” e assim por diante. Ao contrário, minhas cartas eram positivas, pois eu estava feliz e seguia minha vida de busca e discernimento de minha vocação. Minha mãe foi sempre a pessoa que apesar da dor e do sofrimento da separação me apoiou sempre, mesmo no silêncio.

Com o passar dos tempos, meu pai se converteu e começou a aceitar minha vocação. No entanto, muitas vezes me convidou a voltar para casa e deixar a vida religiosa. Faleceu feliz por minha opção de vida.

Para finalizar o meu testemunho digo o seguinte: Quando Deus chama e a pessoa percebe este chamado e quer ser fiel ao projeto de Deus, mesmo com todas as dificuldades é capaz de agarrar a causa com entusiasmo, com alegria e generosidade. Posso dizer com muita gratidão que nunca duvidei da minha vocação, e isto é graça de Deus. Tive dificuldades, e tenho muitas ainda hoje, mas nunca me passou pela cabeça que mudando de rumo e direção seria mais feliz do que sou, ao pensar que Deus me concedeu por intermédio de Santa Maria Rosa Molas o dom do Carisma: Ser a presença da Misericórdia e da consolação de Deus para os mais pobres, para os que dela necessitam me enche de alegria e me brota do coração o agradecimento a Deus com o salmo: “Como poderei retribuir ao Senhor por tudo o que ele me tem dado? Erguerei o cálice da salvação invocando o nome do Senhor.” (Salmo 115)

Ir. Maria Helena Codignole
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