Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación

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17 Mayo 2020

MARI CARMEN ALFONSO UCHER, nsc

Hola Soy Mari Carmen Alfonso , soy hermana de la Consolación soy de Onda (Castellón) pero llevo ya casi 10 años en Eslovaquia en la ciudad de Žilina al norte del pais.


¿Cómo conociste a las Hermanas de la Consolación? ¿Por qué elegiste el carisma de Consolar?


Desde muy pequeña que conozco a las hermanas, estudié en nuestro colegio, allí Maria Rosa Molas se convirtó para mi en alguien muy cercano, en alguien que alentaba y empujaba mi vida a ser mejor y amar más. Fuí a los grupos del COM, me comprometí como monitora, y poco a poco el Carisma de la Consolación se convirtió en un estilo de vida, un ideal y una necesidad urgente que veía y experimentaba tanto en mí como en los otros. Sencillamente… era el mio.

 ¿Hermana de la Consolación? ¿Por qué una decisión así?

En la universidad estudié trabajo social y allí pude acercarme más a la pobreza y al sufrimiento de la gente, tuve momentos de crisis en los que las respuestas para mi eran pocas, y solo las pude encontrar en Dios. Después de una pascua, el sentido de mi vida cambió y poco a poco fuí profundizando en este nuevo mirar y vivir desde una esperanza y confianza en Dios y en el hombre nuevas.

Tras una JMJ en Roma, comprendí en mi interior que en mi vida me faltaba algo, me sentía tan llena de Dios y de los otros (familia, amigos…), que no podía más que darlo todo para que otros también puedan conocer lo que yo había descubierto. Y aunque me costó bastante dar el paso, descubrí que la única razón de mi existencia era vivir por Dios  y para Dios.


¿Qué significa para ti ser hermana de la Consolación? ¿Cómo vives  tu vocación hoy?


Actualmente estoy en Eslovaquia, llevo casi 10 años aquí acercándome a la realidad de la gente de la calle y con la misión de Consolar a esta gente, lo que no es nada fácil. Todo lo que he vivido hasta ahora me hace descalzarme para escuchar el grito de los que por circuntancias de la vida y malas elecciones se encuentran en las encrucijadas del abandono, la soledad, la dependencia, la falta de esperanza, la perdida de un horizonte mejor.

Para mi ser hermana hoy  es caminar y acercar al Dios del Consuelo a estas realidades concretas, porque sólo Él es el que da sentido y llena de esperanza y caridad nuestros gestos y palabras.


 ¿Qué les dirías hoy a los jóvenes?


Que tengan grandes ideales, que no se cansen de luchar por un mundo mejor, que nos se cansen de soñar y que confíen en ese Dios de la Consolación que nos ayuda, alienta y  nos enseňa a mirar, entender, acoger y amar como Él...porque  siguiéndole a Él somos la mejor versión de nosotros mismos.

Mª Carmen Alfonso Ucher,nsc
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