Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación

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BEA ALCON
BEA ALCON
21 Marzo 2021

BEATRIZ ALCÓN, nsc

Me llamo Beatriz Alcón y soy hermana de Ntra Sra de la Consolación. Soy de Castellón y actualmente estoy en la comunidad de Ponferrada.


Me gustaría compartir con vosotros mi historia vocacional:

Fui alumna del colegio que las hermanas de la consolación tienen en Castellón. En esos años me fui encontrando poco a poco aun sin saberlo, con una serie de valores, un estilo de vida  y una figura, Mª Rosa Molas, a la que iba conociendo cada día más a través de las hermanas, profesores… así como a través de las diferentes actividades que se organizaban…Todo eso vivido, me ayudó posteriormente cuando entré a formar parte del voluntariado de la consolación en el hospital Provincial de Castellón que en aquél entonces comenzaba a organizarse: la sencillez, la acogida, la vida de las hermanas y su trabajo con los enfermos especialmente con aquellos más vulnerables y necesitados, también el grupo de jóvenes que se creó con el que compartía la fe, la vida y mi experiencia como voluntaria con los enfermos de salud mental, me fue ayudando a darme cuenta que la vida de la Madre me interpelaba cada vez más, que el carisma de la consolación iba impregnando cada vez más mi vida, un regalo recibido gratuitamente que no me podía guardar para mí…Y con el paso del tiempo fui comprendiendo que el Señor no me pedía ser voluntaria unos días a la semana sino cada día de mi vida…

Me sentía feliz, “diferente”, con muchas ganas e ilusión de seguir descubriendo al Dios de la vida, al Dios de mi vida, al Dios que “tocó mi corazón” sobre todo a través de rostros con nombres concretos entre los enfermos más pobres, solos y abandonados de la sociedad. 

Ser hermana de la Consolación significa para mí vivir mi “sí” de cada día al Señor con un corazón agradecido al Dios de la VIDA, al Dios que hace “nuevas todas las cosas”, el que me hace experimentar desde abajo, desde lo pequeño y sencillo de lo cotidiano, el manantial del que mana la VIDA para que siga compartiéndolo con mis hermanos, el Dios que se encarna y se “embarra” con la fragilidad humana para levantarla, porque su mayor deseo es que el hombre viva.   

A los jóvenes hoy les diría que merece la pena apostar por Jesús, merece la pena apostar por su proyecto y dejarse hacer por El como quiera y hasta donde quiera, abriendo el corazón para poder escucharle y poder reconocer sus “guiños” en los gestos más pequeños y sencillos de cada día… ¡¡El Señor nos espera en nuestros hermanos!!

¡¡Gracias Señor por el regalo de la VIDA!!.  
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