Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación

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21 Abril 2021

Fratelli tutti 145

“(…) Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia (….)”
Con estas palabras tomadas del nº 145 de FT, el Papa Francisco nos abre a tener “una perspectiva más amplia”, amar nuestras propias raíces, nuestra herencia geográfica, nuestros orígenes… porque también “es un don de Dios”, pero con una mirada, actitudes y gestos que nos lleven a consolidar esa “amistad social” que ya vimos en números anteriores, abiertos hacia un “horizonte universal”, acoger otras culturas, compartir valores unos con otros porque “una cultura sin valores universales no es una verdadera cultura” (FT146).
“La experiencia que se realiza en un lugar debe ser desarrollada ‘en contraste’ y ‘en sintonía con las experiencias de otros que viven en contextos culturales diferentes”

(FT147)
Sigue el Papa, proyectando el hilo conductor de la Exhortación: Fratelli Tutti, todos somos hermanos, nos necesitamos unos a los otros, todos estamos interconectados desde un amor fraterno:
“(…) Es bueno recordar que la sociedad mundial no es el resultado de la suma de distintos países, sino que es la misma comunión que existe entre ellos (…) comunión universal en la que se integra cada grupo humano y allí encuentra su belleza” (FT149)
Jesús amó al mundo con un amor universal, para todas las personas sin distinción, por eso llamó a los discípulos “  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mc. 16.15).
Los que se congregaban para escuchar a Jesús, eran gentes de todas clases y lugares: Del Evangelio según San Juan (6, 1-12) “ Pasadas estas cosas, se fue Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberíades. Y le seguía una grande multitud.
El amor de Jesús es hasta el extremo

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna” (Jn. 3, 16-18).

La Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, nos ilumina desde el Evangelio, llamándonos siempre a construir entre nosotros una sociedad abierta, de hombres y mujeres que se saben parte importante de esa misma sociedad, de esa familia humana, que respeta los derechos y la dignidad de todas las personas.
“(…) Cada persona que nace en un contexto determinado se sabe perteneciente a una familia más grande sin la que no es posible comprenderse en plenitud” (FT149)
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